martes, 7 de octubre de 2025

Los primeros pasos para ser un adulto

Tengo dos versiones de ti, la primera es la más bonita, la de ser la primera persona con la que recuerdo haber coqueteado de manera seria respecto a la palabra familia. No me he olvidado del Parque de las Núñez, ni de los paseos por las Praderas, ni de las iniciativas para emprender y convertirme en una persona más “productiva” en el sentido capitalista del mundo en el que vivimos. Esto último me tomó unos cuantos años terminar de comprender, pero creo que estoy llegando ahí.

La segunda versión de ti es una que me dio mucho dolor. No hay un día que camine por la Av. Winston Churchill sin recordarte, porque cuando tuvimos esa primera conversación que se convirtió en ruptura, cuando me fui, la caminé completa con lágrimas en los ojos preguntándome qué había pasado. Me faltaba mucha madurez entonces para comprender tus razones, y lamento mucho que en la segunda oportunidad que nos dimos, me comporté como un niño al que le quitan sus juguetes. No te merecías esa versión de mí, ni tú, ni tu pequeño ángel, que tantas risas me regaló.

Al final, lo que te quiero decir es que estoy dando los primeros pasos, después de tanto, para ser un verdadero adulto, y una de las primeras acciones para lograrlo, según los expertos, es reconocer las heridas que nos marcan y las heridas que hemos producido en los otros. Aunque habiten en mí esas dos versiones de ti, la más bonita siempre gana, porque siempre has sido una buena persona.

Creo que me tomó más tiempo escribir sobre ti porque, aunque no lo creas, contigo compartí momentos de mucha madurez. Nuestro espacio juntos me comenzó a mostrar lo que era y lo que podría ser. Creo que aprendí de ti y contigo que hablar con la verdad siempre es una de las mejores herramientas para tener una buena vida, una vida sana y plena. Lamento ahora no haber puesto en práctica con más claridad esas lecciones.

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