miércoles, 27 de agosto de 2025

Chakra

La primera vez que escuché la palabra Chakra fue en el segundo tiempo que la vida me permitió compartir con una de las personas más significativas de mi historia. Me la dijo con una ternura en los ojos que nunca olvidé. Las palabras exactas no creo tener permitido escribirlas en ningún momento, pero sí puedo decir que ella fue un refugio inesperado en mi vida. Nos conocimos en el fragor de mis primeros años de militancia y, realmente, nunca intenté hablarle; debo reconocer que fue ella quien dio el primer paso.

Después de muchos debates sobre las incapacidades del pueblo dominicano de salir del letargo y del subdesarrollo, del insoportable calor del Caribe, de enseñarme palabras como “tinieblar”, de muchas películas, de ejercitar mis primeros intentos por ser fotógrafo y de leer poemas en cada rincón que nos encontramos, nos quisimos mucho. Tanto que se nos metió un océano de por medio, y aun así, años después, solo bastaron unas horas juntos para volver a mirarnos como aquella primera vez.

En la locura de vida que ambos teníamos en ese momento, lo intentamos genuinamente. Nuestro proyecto más ambicioso fue comenzar a acumular libros, destinados a la biblioteca que imaginábamos construir juntos en un apartamento en Gazcue, nuestro barrio favorito. Al final, nuestros tiempos no coincidieron: ella tenía cosas que aprender y yo tenía cosas que desaprender.

La volví a ver ahora. Desayunamos juntos y hablamos de las cosas que terminan conversando las personas que una vez se quisieron, sobre las banalidades de la vida. La vi feliz, y me gustó que me contara que ahora tiene su propia biblioteca en una ciudad que no es la mía, pero sí la suya; y que también tenga a alguien a quien llama con una sonrisa en los labios, compañero.

Nunca se lo dije, pero volverla a ver me conectó con una parte de mí que sentía perdida. Sobre todo, me permitió ver que el amor y los vínculos, como las energías, no se pierde, sino que tiene la posibilidad de transformarse en otras cosas. Al final, mi pequeño Napoleón… Parece que este Pokémon sí tiene posibilidades de evolucionar.


viernes, 22 de agosto de 2025

¿Por qué uso moleskine?

Creo que hace un año o un poco más un amigo me preguntó con cierto tono irónico qué por qué solo usaba libretas moleskine para escribir, tras reírse y decir que si esto era parte de mi acto de “niño bien”. No le dije nada, solamente me sonreí y continué hablando sobre el tema que estábamos discutiendo, que vagamente recuerdo realmente, es curioso cómo funciona la memoria para rememorar detalles y olvidar el panorama general de esos recuerdos.

Me parece también que ese día fue que comencé a incubar la idea de no darle mucha importancia a lo que la gente piensa de uno, que tiene más que ver con sus prejuicios y experiencias que con lo que uno realmente es o puede ser.

Pero antes de explicar por qué la moleskine, para lo que no me conocen y han llegado hasta aquí, debo decirles que desde hace más de 15 años tengo el hábito de usar una libreta para escribir lo que hago y pienso cada día. Me ha servido como un ejercicio para ordenar los días y para no dejar a la memoria aquellas experiencias que no quiero olvidar, como aquellos momentos que quiero preservar.

Ese hábito lo adquirí gracias a Silvia, una comunista italiana que tuve el privilegio de conocer en los espacios de militancia y con la que compartí una amistad intensa, de la que puedo decir que aprendí una inmensidad de cosas bonitas y de la que guardo muy gratos recuerdos de nuestros debates sobre Palestina, el amor que compartimos por la revolución sandinista de Carlos Fonseca, el movimiento antisistema de que ella formó parte en su país y de las derivas del socialismo que no parece encontrar horizonte.

La primera moleskine que vi en mi vida se la vi a ella entre las manos, era más pequeña que la que suelo usar, me gustó la forma de los hilos de las hojas y la calidad de la tapa, pero sobre todo, creo que más que otra cosa, lo que más cautivó mi atención y curiosidad era verla escribir en ella cada día. Terminó regalándome una, que debo tener guardada por ahí, con los primeros garabatos que traté de poner en palabras.

Al final, un año después, para responderle a mi amigo, uso moleskine porque es un homenaje a ella ,y una manera de recordarla, porque tengo la manía de siempre tratar de recordar con un objeto que puedo sostener con las manos, como talismanes, a las personas que se tomaron la molestia de enseñarme algo útil en la vida, sin otro motivo que no sea verme feliz.

miércoles, 13 de agosto de 2025

Dos George Costanza

Una de mis series favoritas de todos los tiempos es Seinfeld. Siempre me ha parecido una de las mejores comedias de situación estadounidenses, con un humor negro que logra convertir lo más cotidiano en algo realmente hilarante. Tengo que agradecerle a mi amiga Manchita por haberme introducido a ella, en nuestras jornadas de aburrimiento compartido en el número 371 de la calle Mercedes.

Al principio, uno se ríe de todo, especialmente de George Costanza, con sus mentiras, sus planes absurdos y su manera torpe de relacionarse con los demás. Los otros personajes de la serie son inolvidables. Jerry es ese tipo observador, casi siempre calmado, que ve cómo los demás se complican la vida por cosas triviales. Elaine es divertida, ingeniosa, pero también un desastre a veces, y Kramer… bueno, Kramer es puro caos, impredecible y lleno de ocurrencias locas.

Pero George es otro nivel. Al principio me daba risa porque parecía tan ridículo, tan perdido, que no podía evitarlo. Pero últimamente, cuando volví a ver muchos episodios, empecé a despreciarlo un poco. George es egoísta, inseguro y a veces terriblemente ansioso. Ese ejemplo terrible de su comportamiento se nota cada vez que inventa historias o se mete en planes ridículos solo para salirse con la suya, y termina atrapado por su propia mentira. Es gracioso, sí, pero también frustrante e irritante ver cómo se sabotea a sí mismo y a los demás una y otra vez.


Creo que comencé a detestarlo porque reconocí en mí algunos de sus malos hábitos. Esa sensación incómoda de ver reflejados nuestros propios errores y actitudes es lo que hace que George deje de ser solo un personaje gracioso y se convierta en un espejo que incomoda. Pero lo bonito de mirarse al espejo es que podemos ver la figura completa, con la opción de destruir el espejo o cambiar la forma y el fondo de la figura. Ahora me siento listo para lo segundo.


En serio, Seinfeld sigue siendo increíble para mí. Si mi memoria no me traiciona, creo que he visto cada episodio más tres o cuatro ocasiones. Cada personaje tiene su lado absurdo, pero George nos muestra la parte más complicada de todos: la que a veces da risa y otras veces nos obliga a mirarnos a nosotros mismos y, si queremos, cambiar.


miércoles, 6 de agosto de 2025

Me volví a romper

Me volví a romper. Los últimos 12 meses se han sentido como que una ola gigantesca que me persigue de derrotas tras derrotas, pero en este momento en el que la incertidumbre reina y en el que tengo que recoger las piezas de mi corazón para volverlo a armar de una manera en la que todavía no estoy claro cómo lo haré, me di cuenta de que soy una persona enormemente privilegiada por los seres tan lindos que me han amado y protegido. Frente a todo, creo que encontré la ilusión que dejé que se apagara en mí, la alegría de pelear por lo colectivo y la emoción de escribir.

Aprendí que no tengo que tener control de nada, que la mentira que me había dicho cuando, a los 18 años, me fui de casa, de que estaba solo en el mundo, no es cierta. Nunca he estado solo. Siempre he tenido grandes amigos y grandes amores que me han permitido volar en algunos casos; en otros, me han mostrado que sigo siendo ese niño que solo quería que su mamá lo viera y le dijera que lo quiere. Mi mamá me quiere, siempre me ha querido, siempre ha estado conmigo. Con sus retos, pero siempre ha estado ahí. El que estaba huyendo era yo. Siempre termino huyendo. Pero esta vez no lo voy a hacer. Esta vez me voy a enfrentar a mí mismo.

No estoy claro si voy a estar bien, y creo ahora que es una estupidez decir que estamos bien cuando no, porque si hay una experiencia humana realmente importante es la de ser vulnerables y de mostrarnos como somos, si en verdad queremos ser mejores, si en verdad queremos estar bien. De lo que sí tengo certeza es de que voy a hacer las cosas paso a paso, que voy a ver a la cara a los fantasmas que juegan en mi mente y que no me va a importar mucho lo que la gente piense. Ser prisionero de eso es un lugar al que no voy a volver.