Al principio, uno se ríe de todo, especialmente de George Costanza, con sus mentiras, sus planes absurdos y su manera torpe de relacionarse con los demás. Los otros personajes de la serie son inolvidables. Jerry es ese tipo observador, casi siempre calmado, que ve cómo los demás se complican la vida por cosas triviales. Elaine es divertida, ingeniosa, pero también un desastre a veces, y Kramer… bueno, Kramer es puro caos, impredecible y lleno de ocurrencias locas.
Pero George es otro nivel. Al principio me daba risa porque parecía tan ridículo, tan perdido, que no podía evitarlo. Pero últimamente, cuando volví a ver muchos episodios, empecé a despreciarlo un poco. George es egoísta, inseguro y a veces terriblemente ansioso. Ese ejemplo terrible de su comportamiento se nota cada vez que inventa historias o se mete en planes ridículos solo para salirse con la suya, y termina atrapado por su propia mentira. Es gracioso, sí, pero también frustrante e irritante ver cómo se sabotea a sí mismo y a los demás una y otra vez.
Creo que comencé a detestarlo porque reconocí en mí algunos de sus malos hábitos. Esa sensación incómoda de ver reflejados nuestros propios errores y actitudes es lo que hace que George deje de ser solo un personaje gracioso y se convierta en un espejo que incomoda. Pero lo bonito de mirarse al espejo es que podemos ver la figura completa, con la opción de destruir el espejo o cambiar la forma y el fondo de la figura. Ahora me siento listo para lo segundo.
En serio, Seinfeld sigue siendo increíble para mí. Si mi memoria no me traiciona, creo que he visto cada episodio más tres o cuatro ocasiones. Cada personaje tiene su lado absurdo, pero George nos muestra la parte más complicada de todos: la que a veces da risa y otras veces nos obliga a mirarnos a nosotros mismos y, si queremos, cambiar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario